Qué complicado me es contarles esta historia. ¿Cómo hablarles de algo que es de otro mundo? No, no es una historia de amor. No es una exageración. Llámenlo sensación, llámenlo poesía. Sin embargo, no les estoy mintiendo. Lo que digo es muy cierto. Podría haber ocurrido a pocos kilómetros de cualquier ciudad, en cualquier momento, pero ÉL no podría entender nuestro mundo tampoco.
Mírenlo, está sentado mirando el atardecer en su isla. Digo atardecer porque es el nombre que nosotros le pusimos a este fenómeno, digo su isla, porque salvo algunos animales y plantas no tiene compañía alguna, aunque no hay término más erróneo, ya que no conoce el significado de propiedad. Es algo triste, pero tampoco conoce el significado de lo que es atardecer. No por una cuestión lingüística, no. ÉL no es de nuestro mundo, no hay que intentar conocerlo. Estoy seguro de que incluso si pudiera comunicarse perfectamente con nosotros, no lo haría. Al menos no directamente.
El atardecer, transición entre el día y la noche, es algo incomprensible para alguien como ÉL, quien no conoce la diferencia entre estos dos. No tiene calendarios, ni relojes. La sucesión del día y la noche es un invento humano. ÉL alguna vez se ha dormido de día y se ha levantado de día. ¿Cómo puede explicar que el día siga a la noche? Tampoco pudo marcar un límite, siquiera una frontera entre ambos, pero esto solo es porque no lo ha visto necesario. ¿Qué necesita describir? ¿Qué conceptos tiene que inventar? Tampoco puede trazar una línea divisoria entre una planta y él. Tampoco le es posible. Continuamente ha comido sus frutos y las ha visto crecer junto con él. ¿Qué concepto de "yo" puede tener si ÉL es todo? ¿Cuándo perdimos nuestra empatía? ¿Desde cuándo ver a un animal sufrir no nos duele como si fuéramos nosotros mismos los que estamos sintiendo el dolor?
Incluso tuvo que pensar alguna vez, por qué es que lo que llamamos lluvia caía alguna vez sobre ÉL. ¿Cuándo no había sido parte de sí mismo? ¿En qué momento se separó de ÉL? Pero algo le parecía obvio, sentirla caer sobre su piel lo reconfortaba, lo tranquilizaba, lo hacía sentir completo y bien. Algo similar a comer. Por todo esto supuso que era estúpido pensar que no era parte de sí mismo. Era simplemente algo que estaba volviendo a ÉL. A veces una tormenta lo azotaba, cuando menos se los esperaba. Consideraba que era un castigo por olvidarse de una parte de sí mismo. Consideraba que en el fondo ÉL así también lo quería. Hasta un atroz tormenta era en el fondo su culpa para ÉL. ¿Cómo podría desearle el mal a alguien? Ni siquiera se permitía el deseo de conocer a alguien como ÉL. ¿Y condenarlo al mismo sufrimiento?
Pero no sé por qué me gasto en contarles lo indignado que me siento. Cuando perdimos el sentimiento natural de conectarnos los unos a los otros. De comprender nuestros sentimientos. Todo el tiempo queriendo expresarlos con palabras. Todo el tiempo evitando comprendernos, todo el tiempo confundiéndonos con explicaciones banales. Todo el tiempo evitando ser NOSOTROS.
El Rincone Robinchone
Este Blog relatará Historias de exquisito gusto. Relatos que nunca en tu vida pensarías hallar se encuentran en este humilde espacio que ha ofrecido la tecnología extraterrestre... Digo Internet, si, Internet ¬¬!
miércoles, mayo 23
domingo, diciembre 4
Poesía II
Para tí señorita,
un collar de adamita,
un camino de estrellas,
donde dejes tus huellas.
Me lo han dicho los sabios
"no te muerdas los labios",
pero lo que me haces sentir,
el más bello zafir,
no lo puedo evitar
y lo debo expresar.
Ya sea un beso con pintura
o una sonrisa prematura
me da demasiada ternura
y me hace palpar alegría pura.
Nunca lo hubiera imaginado,
el azar es inesperado,
Que me ibas a responder,
imposible de prever,
sacado de un cuento,
con tan bello sentimiento.
un collar de adamita,
un camino de estrellas,
donde dejes tus huellas.
Me lo han dicho los sabios
"no te muerdas los labios",
pero lo que me haces sentir,
el más bello zafir,
no lo puedo evitar
y lo debo expresar.
Ya sea un beso con pintura
o una sonrisa prematura
me da demasiada ternura
y me hace palpar alegría pura.
Nunca lo hubiera imaginado,
el azar es inesperado,
Que me ibas a responder,
imposible de prever,
sacado de un cuento,
con tan bello sentimiento.
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