domingo, octubre 31

Poesía I

Veía, pero no entendía,
Anonadado de alegría,
La hermosa armonía,
Ennegrecida de apatía,
Radicada en la ironía
Irradiada en mayoría
A través de ñoñería.

Paciente, pero insistente,
Alborotado desconcierto,
Impasse de un despierto,
Seductor e ígneo acierto.

miércoles, julio 28

porque pienso.


Realmente quiero que alguien agarre una maza y me la parta de lleno en la nuca. Ya no entiendo nada. ¿Realmente, quién creí que fui estos últimos meses? Perdiendo contacto con quién alguna vez fueron mis compañeros de confianza, descuidando mi vida social y mi apariencia, dejando de lado a la familia, escapando de posibles nuevas amistades y, principalmente, dejando que aquella fracción de mi ser caiga en desuso. Aquella fracción que no es una totalidad por culpa de estúpidas muestras físicas. Aquella fracción no es otra que el pensamiento. Aquella herramienta que, por estar tan acostumbrado a su utilización, al dejarla de emplear hizo que olvidara quién realmente era y quién realmente quería ser.

Realmente quiero que alguien me traicione por la espalda y destruya por completo mi estabilidad psíquica. Ya no entiendo nada. ¿Realmente, dónde quedó todo aquello que había avanzado respecto a mi encierro en mí mismo? Logrando organizar una cena en mi casa para que acudan aquellos quienes aceptaren mi invitación, cortando mi pelo para obtener un nuevo estilo y sentirme mejor conmigo mismo, contactando a uno de mis hermanos, quien vive hoy en el exterior, intentando hablar con la nueva compañera de trabajo y, principalmente, preguntándome todas las mañanas frente al espejo del baño qué es lo que anduvo mal por tanto tiempo.
Realmente quiero que alguien agujeree mi rostro con punzantes e injuriosas palabras y deteriore irreparablemente mi dignidad. Ya no entiendo nada. ¿Realmente, por qué salieron mal todos mis planes por recuperar una vida? Aterrándome la idea de ver a mis amigos de nuevo, por miedo a envidiar sus vidas, temiendo que mi nuevo corte provoque risas y burlas, cortándole el teléfono sin despedirme a mi hermano cuando mencionó a mi antigua pareja y sin intentar retomar el contacto hasta el día de hoy, retornando a mi vida silenciosa en el trabajo, y, principalmente, llegando a una conclusión que me obstaculizaría pensar libremente sobre mi persona.
Realmente quiero que alguien me abrace. No me importa no entender nada. ¿Realmente, qué fue lo que estaba pensando cuando dejé que todo esto me moleste? Esperando que alguien se me acercara para hablarme, tratando de, con una nueva imagen, no ser yo mismo, ocultándole cosas a mi propio hermano, amargando mi situación laboral solo porque no hablo con nadie, dándole tantas vueltas a la esencia de mi ser.
No importa quién soy yo, no quiero saberlo. Yo conozco quién no quiero ser. Yo estuve perdido tanto tiempo en un laberinto que nunca existió, un laberinto que yo creé. Yo tuve el problema en frente de mis ojos, lo había visto, pero no hice nada al respecto. Incluso creí avanzar, nublando más mi vista. Yo no quise escuchar las advertencias.
Pero me he dado cuenta de una cosa. No necesito nada de todo esto. Pasé las últimas noches sentado sobre mi ventana viendo la luna y este momento me llena. He descubierto cuanto me fascina. No necesito ser nadie para apreciarla y tampoco le interesa mientras alguien se interese por ella. Quieta en el cielo. Inmóvil. A distancia se escucha su canto de soledad. Y sé que ella no se interesa en mí, que tiene dueño, pues persigue al sol día y noche, sucediéndose uno y otro como en una interminable carrera al rededor de nosotros. Y no debe de molestarme, ya que no impide que contemple toda su hermosa.
Y solo, como estoy ahora, estoy completo,

sábado, junio 12

Canto Maganto

Y llegaba tarde. Las llaves tomó y salió, no estaba demasiado abrigado, pero ya nada le importaba, en resumen. Se puso ambos auriculares, casi obligado. y subió el volumen. El viejo ascensor lo llevó hasta abajo de su hermano acompañado, quien hacia la casa de algún amigo salía para ver juntos el Mundial, y desde la puerta a la calle pudo ver como lloviznaba, allí su madre los esperaba. Tal vez la melodía de la música que escuchaba combinaba con el sonido del gotear de las nubes, pero lo cierto es que salió feliz. Su numen tenía ritmo, y con gracia esquivaba las baldosas flojas. -Tap Tap Tatap-
Cada paso dejaba en el asfalto, por tan solo uno o dos segundos, su huella, y en él se podía apreciar sus pisadas. Aunque estas, bellas, desaparecieran por las nuevas gotas que caían de lo alto. Él el rastro que dejaba miraba cuando su madre le preguntó:
-Por qué no te quedaste a ver el primer partido del Mundial?
-No le interesa, no le gusta el fútbol -respondió su hermano quien tenía razón.
En silencio permaneció, creía que no había más que decir. A unos pocos pasos se despidió de su madre y su hermano, quien llegaba tarde. El partido estaría por comenzar. Corrió un poco para no ser pisado por algún auto al cruzar la calle. -Plic Plic Plic-
Cuando llegó a la parada del colectivo se sintió solo, aparte de su música, solo el rodar de los neumáticos de los autos que por allí pasaban y el gotear de las nubes se escuchaba. Ligero llanto del cielo que mojas la delgada piel de aquel ser humano. Frío estabas yo lo sé. Y parado, esperando su viaje, inducido por aquella tonada misteriosa, vio llegar, lento, a su colectivo. Este siguió de largo, y sus pasos trataron de imitar su ritmo. -Tap Tap Tatap-
Cuerpo y alma trasladados por aquel pedazo de metal con motor y ruedas. Viajó parado. El colectivo no estaba demasiado lleno, pero estaba completo. Se sitió en la puerta de salida, cuando sea el momento pensaba escapar lo más rápido posible. La música que resonaba en sus oídos era sublime, capaz de llegar al corazón de la persona más fría y que su sonido lo mime. Tenía un ritmo salvaje, apuraba a quien la escuchara, y aquella percusión, marcando el ritmo, un ritmo que te persigue y del que debes huir. Huir. Cerró los ojos. Y empezó, aquella dulce voz, que hacía empleo de una buena técnica del melisma, acompañada cada tanto por alguna tecla de algún piano que descendía como si lo hiciera sin querer, ayudada, pero no por alguna fuerza cruel, no era obligada, lo hacía por placer. Como si solo fuera oprimida por la gravedad y eso bastara para que se produzca aquel hermoso sonido. No era un melisma gregoriano o bizantino, yo lo he oído. Se trataba de la vocal "a" alargada, cambiando su altura una y otra vez. Y cómo le bastaba solo con eso para conmover! Opuesta a lo silábico se fundía con aquella fiel compañera, la lluvia, quien incitada por la melodía presurosa parecía crecer y llenarse de furia. Ya era perfecta aquella melodía. Difusa imagen tenía de aquello que afuera veía, debido al vidrio empañado. Con que hermosura caían las gotas al asfalto dañado. Cómo no lo había comprendido antes? Estúpidamente, sí, esa era la palabra, estúpidamente, no le había dado importancia a algo que podía unir a tanta gente. Aquella fuerte canción que mezclada con una vista en constante cambio y el imperfecto y aleatorio caer de la lluvia, fue vencida. Poco le importó, es más detuvo su reproductor. Su mano no pudo hacer otra cosa, porque el corazón se le aceleró, no entendió, se asustó. Aquel grito inigualable. Aquel grito victorioso. Aquel grito abominable. Aquel grito majestuoso. Pudo haberse caído si el colectivo hubiera doblado, porque su mano le tembló. Todo le parecía extraño, estaba anonadado. Pero aprendió la lección cuando entendió todo. Cuanta emoción en un solo "Gol".
Sonrió. Ni aquel sonido pluvial que podría incluso ser acusado de accidental pudo resistirse al orgulloso grito que arrastró, contagioso, a las demás personas del colectivo. Aquel suceso deportivo, para todo el país positivo, y para él efectivo, lo hizo sentir vivo. La gente se abrazaba. Por las ventanas gritaba, "Cero a uno!", Argentina ganaba. Del reproductor, su botón apretaba. Estaba contento, demasiado, como para opacar su arrepentimiento. Llegó a su destino, apretó el botón de parada, desatento. Al abrirse el camino, dio un salto precoz, sobre el asfalto cayeron sus pies con un ruido corpulento. Al cielo dio una mirada de respeto. Aquel chico inquieto aún no estaba exento de tan grande arrepentimiento. Cuando sus pensamientos se lo permitieron movió veloz el esqueleto. Tan rápido corrió aquella cuadra que al más ágil esprínter hubiera dejado obsoleto. Su cabeza confusa, ya sin darle importancia a las anacrusas, fue directo a la melodía principal. Y yo me preguntó, con qué excusa? Por qué saltearse el llanto? Un tanto monumental no le proporcionaba al país una diferencia abismal. Y si aún no lo dejaba triunfal, realmente, le importaba cuánto? Sus ojos rabiosos quisieron liberar algún sentimiento santo. Sus piernas ya producían un movimiento anormal. Su correr era más violento y animal. Ya sentía en su cuerpo mayor presión arterial. Y el gotear del cielo, con su caída atonal le recordaron su actitud atrevida. Por qué el ser humano trata siempre de ir distante de los demás? Uno obra a su manera quizás. Y soberbio uno cree que puede resistirse, cree que puede vencer a tan poderoso proverbio:
"¿Si un mono entre los perros está, por qué a ladrar no aprenderá?"
Pues él quiso redimirse, aprendió de su error. Creyó que el Mundial no lo absorbería. Y aquella emoción que sintió transmitida por aquel grito alentador ahora lo tiene corredor. No se dio cuenta de que como una gota era. Que caería como pudiera, y que cada gota así lo haría si quisiera. Todas juntas en una carrera para ver quien llegaría al piso primera, y en campeona se transformaría de la gotera. Es una verdad certera, pero aquí todo se produce de diferente manera. Todas las gotas se movieron paralelas. Tu eres una y así vuelas. Pero no omitas este fragmento. Al sistema yo no intento darle acaso ningún fomento. Pero a veces siento que no se puede ir en contra del multitudinario sacramento. Pues eso es, un sacramento. Y con esto mi cabeza atormento como si fuera un des-ahogamiento. El accionar comunitario no me resulta para nada extraordinario. Es como el viento. No deja a cada gota seguir su itinerario. Que esto no nuble tu pensamiento. Pues alguna gota siempre tratará de resistírsele al armónico movimiento. Sé que flagelas tu meditar. La civilización no te deja opinar. No puede un cambio soportar.
Pero sé que cada tanto tus alas revelas, hechas con maltratadas telas. Y la advertencia ignoras.
"Aquel que contra el viento intente, temerario, ir en contra de la corriente, que sea prudente y que no por visionario llegue al final de su cuento".
Pues tenemos cuestionamientos, pero si todo mal saliese, no todos estamos dispuestos a soportar el encerramiento. Y así, corriendo, abatiendo con estruendo el firmamento, sobre cada poro una gota caer sintiendo, desplegó sus alas en vuelo crescendo. Y ahora desde el cielo te digo que no seas cobarde, amigo, pues estoy solo y necesito a alguien que esté conmigo.

jueves, abril 1

Plumas de las Distancias

Los gritos desesperados del niño me despertaron de nuevo. Ya no era como aquellos tiempos en los que una tiene que estar lista, o turnarse con su marido, para cambiar pañales o cantar canciones de cuna a cualquier hora, ya que el hombre de casa, en este caso Francisco, no siempre dormía en la cama de su mujer. Ésta que era para dos tenía a veces un aire helado inspirado por la soledad y un sabor agrio. Aquel espíritu ausente sufría cosas tal vez peores y menos llevaderas que gritos a medianoche. Con mucho esfuerzo físico y monetario había logrado poner un magnífico restaurante en los suburbios de la ciudad, quien se transformaría en un esfuerzo psicológico. La lejanía de su casa no le permitía dormir todas las noches en su casa, así que volvía rara vez entre semana y todos los fines de semana posibles. Dormir en el trabajo era la mejor solución a los largos viajes, realmente lo era? "Dormir", cuántas veces habrá repetido tal palabra recostado en el viejo colchón que tiraba en la entrada del negocio para dormir con un poco de viento. Dormir.
Pero repetir la palabra "dormir" no ayudaría a ninguno de los dos a lograrlo. Christian se despertaba casi todas las noches en las que su padre no estaba en casa sobresaltado por culpa de alguna pesadilla, y cada vez era peor. Bañado en sudor gritaba envuelto en sus sábanas. Yo, su madre, corría a calmarlo a cambio de su propia cordura.
-Cálmate, es solo una pesadilla. No pasa nada, estás en casa, con tu familia.- o casi toda- Con qué te has enfrentado esta vez?
-No quiero, no lo deseo, no puedo volver a ver a esos monstruos. Son malos. O malas debería decir. De noche atacan, atacan mucho, a todos, a toda la familia, tengo miedo mami.
-No pasa nada hijo, estamos todos bien. Tienes que dormir, descansar. Mañana viene tu padre y seguro que querrá llevarte de paseo.
-Pero, mamá, si duermo volverán a aparecer y nos atacarán, a mí, a papá, a mi hermano, y a mi hermanita. Atacan a todos menos a ti, pero lloras, lloras mucho, mami, cuando eso pasa. A nosotros los chicos nos raptan esas mujeres de hermosos cabellos y a papi le roban el alma.
-Cálmate. Es solo una pesadilla, todo va a estar bien. Yo sé que algún día no volverán. Que todo estará bien. Que papá estará en casa y nos podrá proteger.
Y así, con mucho esfuerzo, seguía tratando de calmar a mi hijo, quien todas las noches le relataba historias parecidas. Que de noche veía y de día sufría. Siempre soñaba, o mejor dicho, tenía pesadillas. Había pocas excepciones, que solo ocurrían si Francisco estaba en casa. A veces era un poco, tan sólo un poco, más fácil calmarlo, ya que podía convencerlo con que su padre vendría a casa en pocos días, pero este argumento, sólido y eficaz, era cada vez menos potente. Y el usarlo, lo volvía, poco a poco, más des-esperanzador, porque su padre volvería, pero cansado, sin fuerzas si quiera de disfrutar a su familia.
No vivía por él, sino por su familia, por nosotros. Para qué trabajar, vivir, vivir trabajando, si cuando está con su familia, con su vida, con su mejor trabajo, no la disfruta? Podría seguir viviendo, trabajando, de ese modo? La plata escaseaba. El trabajo también. Y el boleto del micro que lo llevaba a su casa, a su trabajo, era cada vez más caro, por lo que viajaba cada vez menos a su casa. Las pesadillas del niño eran cada vez más cruentas y horrorosas.
-Te sacás los ojos, mamá, no quieres ver, no quieres escuchar, no quieres que esas mujeres de plumosos cuerpos pero femenino rostro se raptan a nuestro padre y se llevan nuestras almas. Ví, muchísimas veces, como sin vista tratás de buscar algún cuchillo, alguna vara, cualquier objeto para destruir tu oído, creyendo que así no destruyes tu vida. Tengo miedo. Tengo sueño.
-Hijo, eso nunca pasará. Ves demasiada televisión. Yo, aunque pierda las ganas de vivir, no me quitaré los ojos, porque con solo verlos a ustedes, mis hijos recuperaré la esperanza. Con solo oírlos podré sin demasiado esfuerzo abrazar la vida una vez más.
-En serio, mami? En serio recuperarías las fuerzas para seguir aún cuando tus hijos no son mas que chicos sin almas, aún cuando no tendrás a nuestro papi? Que fuerte eres mamá. Te quiero mucho. Ahora podré dormir.
-... Si, hijo, en serio, podré.
Podré? Estaba cansada, destruída. Si eso ayudaba al pobre Christian a dormir más tranquilo estaba segura de que iba a poder. Pero no era el único con problemas. Jaqueline era chiquita, así que no entendía demasiado, pero aún así tenía las necesidades de todo bebé. Y Jason, poco más grande que su hermano Christian, al ver a su padre cansado, estudiaba más arduamente, argumentando que así terminaría más rápidos sus estudios y podría trabajar junto a su padre para traer comida a casa. Pero su sonrisa y trabajo escondía más que solo eso. En secreto lloraba y extrañaba a su padre, se peleaba con sus amigos y crecía triste y solo, sin aceptar ayuda de nadie, ayuda que, más que nadie, necesitaba.
Un día las pesadillas eran cada vez más fuertes, al punto que debía quedarme despierta al lado de Chris, ya que no hacía más que despertar cada dos minutos y luego me relataba lo que había visto.
-Está vez vi a papá destruído, solo, en una habitación oscura. Pedía perdón, decía que se había equivocado. En qué se equivocó mami? Si el solo trabaja para nosotros.
Cuando dijo "solo trabaja" mi mente se lleno de culpa, era cierto, solo trabajaba, y por nosotros, no tenía vida. En las pesadillas era el único al que no raptaban. Sirve raptar a alguien que ya no tiene vida? O alcanza con quitarle el alma?
-Esta vez ya no tenía alma, sólo marcas de uñas, de afiladas uñas. Estaba desgarrado por todo el cuerpo. De dónde viene esa palabra, ma? Desgarrados? Creo que la vi en la tele. Papa estaba rojo, rojo, rojo. Y lloraba mucho, lloraba rojo, como con sangre. Decía que no sólo el alma le habían robado, sino que ya no tenía comida. La malas mujeres aladas, de bellos cabellos, están arruinando a papá. Hay que hacer algo.
-Lo sé, hijo. Pero no temas vamos a...
-No! Mamá, no hables más, porque te ponés mal. Yo siempre que me hablas de noche puedo dormir, pero sigo escuchando, yo sé que después vas a tu cama y llorás. Pero, mamá, no llorés más. Sabés que al final de mi último sueño aparecía Jason. Por eso era un sueño y no una pezadilla o no sé cómo es que le decís vos.
Durmió. Se durmió de nuevo. Me sorprendí mucho. La largas noches, largas, muy largas y muy oscuras noches, en las que el niño lloraba y gritaba por auxilio sin consuelo estaban por llegar a su fin? Corta aparición de Jason. Corta, pero efectiva. Con esperanza.
-Mamá, tenía razón. Jason no mató a las mujeres malas, no quería, porque es bueno. Pero las espantó, nunca más van a volver. Pero no sé que pasó después, pedi a Dios despertarme para poder contarte, el sueño era lindo, pero quería que vos también estés feliz. Así podías dormir.
-Dormí, Chris. Todo está bien.
Y lo estaba, no le hablé mucho para que siga durmiendo, pero tenía razón, había dicho la verdad, no hubo más pesadillas. Por lo menos ese día. Pero no había ido a mi cama. Tenía miedo de que se volviera a despertar, por lo que me dormí sentada en el banquito, con la cabeza recostada en sus piernas. Dormí bien. Toda la noche. Ya le había cambiado el pañal a Jaqueline, por lo que ella tampoco me levantó esa noche. Cuando me levanté tenía la cabeza apoyada en la almohada de Christian. Y él, él solito, había preparado un desayuno, básico pero efectivo. La mesa estaba limpia y sobre ella había cuatro vasos de leche.
-Uno para cuando llegue papá -Dijo
Y llegó, no esa mañana, pero esa noche. Era raro. Era un jueves, no lo olvidaría, fue especial, un especial, pero triste, día de semana. Triste? O con esperanzas? Dijo que tenía frío por las noches, así que venía a buscar una manta. Dormiría un poco en casa, hasta las cinco, para luego tomar el primer micro al trabajo. No le dije a los chicos que volvería al trabajo ese mismo día. Jugó un rato con los chicos, y luego comimos todos juntos. La comida se había quemado un poco. Nadie se quejó.
-Estaba deliciosa
-No cocino tan rico como tú, amor. En el restaurante muero de hambre.
Jason no habló, estuvo bastante callado. "Parlanchín" solíamos decirle de chico. Qué pasó? No hablaba.
-Qué pasa Jason?
-Ayer me enfrenté a cosas más terribles que sólo comida quemada, nada más que eso.
-Qué estás diciendo, hijo? Estás insultando a la comida?
-Perdonen, me retiro de la mesa. No tengo ánimos de pelear.
-Ven aquí, chiquito!
Siguió la pelea, pero no quiero recordarla. Luego de comer fuimos a dormir. Hablamos con Francisco, los dos recostados en la cama, pero distanciados. Tan lejos, como si nos separara un viaje en micro. Había largos silencios. Estabas algo molesto. Trabajar todos los días y que cuando llegues los chicos peleen. No es nada lindo, lo admito. Sé que los dos tratábamos de hablar. Y los dos abríamos la boca como para decir algo...
-Vos primero...
-No era nada...
Y nadie decía nada... Cada tanto alguno hablaba de algo aleatoriamente. La distancia, el no hablarnos, mataba. Recuerdo que me miró a los ojos y avergonzada mire hacia otro lado, pero tomo me barbilla con su dedo y desvió mi mirada hacia él.
-Vuelvo mañana -dijo - No me perdería por nada en el mundo el estar en silencio al lado tuyo. Aunque no hablemos, me hace bien. Es como sacarme un peso de encima.
-Es cierto, el que no nos tiremos de los pelos, en cierto modo, es bueno.
-Aún así no me alcanza.
-Buenas noches.
-Dulces sueños.
Y reinó la paz, por una noche, ni siquiera Jaqueline se levantó.

Abrí los ojos lentamente. Las sabanas, arrugadas y formaban con el contornó de él. Me levanté y lo busqué en la cocina. Miré el reloj que colgaba arriba de la mesa, cerca de la heladera. Eran las cinco y media. No lo encontré en la casa. Pero por la ventana de la cocina se lo podía ver sentado, al final del camino de baldosas que iba desde la puerta a la calle. No lo noté hasta recorrer la casa dos veces. Abrí la puerta rápidamente. Lo miré y corrí hacia él. Lo salude y sin pararse me respondió. Tenía la mirada perdida en el amanecer. Me dijo que amaría quedarse así por una semana. Y que luego de ver los siete amaneceres de la semana podría afirmar con seguridad que todos y cada uno fueron mejores y peores que el que vino al otro día, que el trabajo lo estaba matando. Y que deseaba vivir, con tal de cada día poder ver un amanecer mejor que el de el anterior pero peor que el siguiente.
-Debo irme, linda.
-No te vayas.
-Si no comemos no va a amanecer mañana.
-Cuida de los chicos.
Pero no se fue. Volvimos ambos a la casa y me dijo que lo espere en la entrada. Fue corriendo al cuarto y volvió. Me besó. Me besó? Sólo eso? O había dejado en mí un mensaje que sólo el entendía y que nunca siquiera sabría que existió? Así me sentí en ese momento... Cuantos mensajes me habré perdido...
Entonces agarro la valija. Me miró con unos ojos penetrantes, similares a un valle tan profundo y extenso que podría atrapar a una civilización entera en un laberinto con una sola salida, la muerte. Y cerró lo puerta. Corrí a la ventana pero nunca lo vi pasar por el camino de baldosas del patio... Nunca se movió de la puerta. Escuché como su amplia espalda se apoyaba sobre la puerta. Conozco los movimientos y sonidos que provoca su rutina al irse.
Se apoyaba sobre la puerta y quería llorar, pero ni una lagrima quedaba en tales hermosas y tristes perlas. Y cuando se hartaba de lamentarse, partía hacia la terminal de micros.
Pero fue diferente... Tocó la puerta. Espero. No le abrí. Tocó otra vez. Y otra. El ritmo del golpeteo era cada vez más acelerado y desesperado. Gritaba. La melodía de angustia era cada vez más rápida. Triste sollozo y largo respiro.
-No quiero, si le abro y lo veo para que luego parta y se valla sólo me haré daño... - pensé.
Pero sus gritos eran cada vez más ásperos, su garganta ya estaba seca de tanto exclamar por mí. La puerta no paraba de quejarse. Los gritos de la niña pequeña se fundieron con los tuyos.
Ambos sumidos en la desesperación llorábamos. Te oí susurrar "por favor". Me oíste decir "por favor, no". Paraste. Abrí la puerta. Tus manos rozaron mi hombro suavemente. Estaban sudorosas, por qué nervios te hice pasar. Tus labios secos rozaron mi mejilla, tu pecho agitado se apretó a mi cuerpo.
-Por qué no abrías? Me preocupé mucho.
-Por qué si venís acá y luego te vas como si nada de nuevo sé que dentro de unas horas cuando ya no estés y no sepa cuando vuelvas te voy a extrañar mucho más.
-Y por qué abriste?
Luego de despedirnos de nuevo se fue. De nuevo y como hace pocos minutos comenzaba a extrañarte, de nuevo. Fui a atender a la niña. Que lloraba como condenada. Después de almorzar ordené nuestro cuarto. Pero en un estante superior del armario estaba la manta que yo misma había guardado en tu valija. Cuándo la volviste a meter ahí? Y por qué?
Es noche volviste. Con las buenas noticias. Cerrabas el restaurante. Sin trabajo, y con grandes pérdidas hubiera tenido que salir a trabajar pero nunca lo permitiste. Christian hasta el día de hoy suele soñar de vez en cuando que te visitan harpías que desgarran tu cuerpo y te hacen sangrar hasta el lamento. Pero siempre llega Jason quien las espanta. Quien hasta el día de hoy ha sido un chico callado. Jaqueline ya está grande y cuando no estás es la que siempre te defiende. Dafne no existía en esos viejos y tristes tiempos. Por eso suele ser la más feliz de la familia. Solo nosotros dos sabemos cuánto sufrimos en aquellos tiempos. Espero tener la misma fuerza que antes si vuelven a deteriorar nuestra familia. Putas harpías que robaban el alma de mi esposo y mi vida, mis hijos.