Cada paso dejaba en el asfalto, por tan solo uno o dos segundos, su huella, y en él se podía apreciar sus pisadas. Aunque estas, bellas, desaparecieran por las nuevas gotas que caían de lo alto. Él el rastro que dejaba miraba cuando su madre le preguntó:
-Por qué no te quedaste a ver el primer partido del Mundial?
-No le interesa, no le gusta el fútbol -respondió su hermano quien tenía razón.
En silencio permaneció, creía que no había más que decir. A unos pocos pasos se despidió de su madre y su hermano, quien llegaba tarde. El partido estaría por comenzar. Corrió un poco para no ser pisado por algún auto al cruzar la calle. -Plic Plic Plic-
Cuando llegó a la parada del colectivo se sintió solo, aparte de su música, solo el rodar de los neumáticos de los autos que por allí pasaban y el gotear de las nubes se escuchaba. Ligero llanto del cielo que mojas la delgada piel de aquel ser humano. Frío estabas yo lo sé. Y parado, esperando su viaje, inducido por aquella tonada misteriosa, vio llegar, lento, a su colectivo. Este siguió de largo, y sus pasos trataron de imitar su ritmo. -Tap Tap Tatap-
Cuerpo y alma trasladados por aquel pedazo de metal con motor y ruedas. Viajó parado. El colectivo no estaba demasiado lleno, pero estaba completo. Se sitió en la puerta de salida, cuando sea el momento pensaba escapar lo más rápido posible. La música que resonaba en sus oídos era sublime, capaz de llegar al corazón de la persona más fría y que su sonido lo mime. Tenía un ritmo salvaje, apuraba a quien la escuchara, y aquella percusión, marcando el ritmo, un ritmo que te persigue y del que debes huir. Huir. Cerró los ojos. Y empezó, aquella dulce voz, que hacía empleo de una buena técnica del melisma, acompañada cada tanto por alguna tecla de algún piano que descendía como si lo hiciera sin querer, ayudada, pero no por alguna fuerza cruel, no era obligada, lo hacía por placer. Como si solo fuera oprimida por la gravedad y eso bastara para que se produzca aquel hermoso sonido. No era un melisma gregoriano o bizantino, yo lo he oído. Se trataba de la vocal "a" alargada, cambiando su altura una y otra vez. Y cómo le bastaba solo con eso para conmover! Opuesta a lo silábico se fundía con aquella fiel compañera, la lluvia, quien incitada por la melodía presurosa parecía crecer y llenarse de furia. Ya era perfecta aquella melodía. Difusa imagen tenía de aquello que afuera veía, debido al vidrio empañado. Con que hermosura caían las gotas al asfalto dañado. Cómo no lo había comprendido antes? Estúpidamente, sí, esa era la palabra, estúpidamente, no le había dado importancia a algo que podía unir a tanta gente. Aquella fuerte canción que mezclada con una vista en constante cambio y el imperfecto y aleatorio caer de la lluvia, fue vencida. Poco le importó, es más detuvo su reproductor. Su mano no pudo hacer otra cosa, porque el corazón se le aceleró, no entendió, se asustó. Aquel grito inigualable. Aquel grito victorioso. Aquel grito abominable. Aquel grito majestuoso. Pudo haberse caído si el colectivo hubiera doblado, porque su mano le tembló. Todo le parecía extraño, estaba anonadado. Pero aprendió la lección cuando entendió todo. Cuanta emoción en un solo "Gol".
Sonrió. Ni aquel sonido pluvial que podría incluso ser acusado de accidental pudo resistirse al orgulloso grito que arrastró, contagioso, a las demás personas del colectivo. Aquel suceso deportivo, para todo el país positivo, y para él efectivo, lo hizo sentir vivo. La gente se abrazaba. Por las ventanas gritaba, "Cero a uno!", Argentina ganaba. Del reproductor, su botón apretaba. Estaba contento, demasiado, como para opacar su arrepentimiento. Llegó a su destino, apretó el botón de parada, desatento. Al abrirse el camino, dio un salto precoz, sobre el asfalto cayeron sus pies con un ruido corpulento. Al cielo dio una mirada de respeto. Aquel chico inquieto aún no estaba exento de tan grande arrepentimiento. Cuando sus pensamientos se lo permitieron movió veloz el esqueleto. Tan rápido corrió aquella cuadra que al más ágil esprínter hubiera dejado obsoleto. Su cabeza confusa, ya sin darle importancia a las anacrusas, fue directo a la melodía principal. Y yo me preguntó, con qué excusa? Por qué saltearse el llanto? Un tanto monumental no le proporcionaba al país una diferencia abismal. Y si aún no lo dejaba triunfal, realmente, le importaba cuánto? Sus ojos rabiosos quisieron liberar algún sentimiento santo. Sus piernas ya producían un movimiento anormal. Su correr era más violento y animal. Ya sentía en su cuerpo mayor presión arterial. Y el gotear del cielo, con su caída atonal le recordaron su actitud atrevida. Por qué el ser humano trata siempre de ir distante de los demás? Uno obra a su manera quizás. Y soberbio uno cree que puede resistirse, cree que puede vencer a tan poderoso proverbio:
"¿Si un mono entre los perros está, por qué a ladrar no aprenderá?"
Pues él quiso redimirse, aprendió de su error. Creyó que el Mundial no lo absorbería. Y aquella emoción que sintió transmitida por aquel grito alentador ahora lo tiene corredor. No se dio cuenta de que como una gota era. Que caería como pudiera, y que cada gota así lo haría si quisiera. Todas juntas en una carrera para ver quien llegaría al piso primera, y en campeona se transformaría de la gotera. Es una verdad certera, pero aquí todo se produce de diferente manera. Todas las gotas se movieron paralelas. Tu eres una y así vuelas. Pero no omitas este fragmento. Al sistema yo no intento darle acaso ningún fomento. Pero a veces siento que no se puede ir en contra del multitudinario sacramento. Pues eso es, un sacramento. Y con esto mi cabeza atormento como si fuera un des-ahogamiento. El accionar comunitario no me resulta para nada extraordinario. Es como el viento. No deja a cada gota seguir su itinerario. Que esto no nuble tu pensamiento. Pues alguna gota siempre tratará de resistírsele al armónico movimiento. Sé que flagelas tu meditar. La civilización no te deja opinar. No puede un cambio soportar.
Pero sé que cada tanto tus alas revelas, hechas con maltratadas telas. Y la advertencia ignoras.
"Aquel que contra el viento intente, temerario, ir en contra de la corriente, que sea prudente y que no por visionario llegue al final de su cuento".
Pues tenemos cuestionamientos, pero si todo mal saliese, no todos estamos dispuestos a soportar el encerramiento. Y así, corriendo, abatiendo con estruendo el firmamento, sobre cada poro una gota caer sintiendo, desplegó sus alas en vuelo crescendo. Y ahora desde el cielo te digo que no seas cobarde, amigo, pues estoy solo y necesito a alguien que esté conmigo.