Este Blog relatará Historias de exquisito gusto. Relatos que nunca en tu vida pensarías hallar se encuentran en este humilde espacio que ha ofrecido la tecnología extraterrestre... Digo Internet, si, Internet ¬¬!
domingo, septiembre 6
El farol III
lunes, agosto 3
El farol II
Llegué al pueblo sin previo aviso. Visitaba a mis primos, pero era una sorpresa. Cuando llegué me enteré de que misteriosamente mi primo había dejado de hablar y pasaba los días encerrado en una habitación. Yo pensaba sorprenderlo con mi visita por su cumpleaños, pero no fue recibido gratamente por el niño. El padre me dijo que no había solución, que ni los doctores encontraron algún problema físico o psicológico. Le había llevado un modesto regalo que oculté. Intentar resolver su situación era un regalo mejor. Comencé a escribir anotaciones en este cuaderno a forma de diario.
El segundo día intente hablar con él. No prestaba atención, pero debido a alguna de sus reacciones descubrí que oía y que me entendía. Por supuesto no le conté lo que intentaba. Anotaré en este diario alguna de sus reacciones. Intenté ganar su confianza contándole las razones de por qué había venido, y por si no me recordaba quién era. No esperaba ningún progreso, seguramente algún psicólogo lo habría intentado, pero, para mi sorpresa, respondía a alguna de mis preguntas con la cabeza.
Al tercer día sentía que ya había hecho muchos progresos. Sin embargo notaba que a mi tío le disgustaba mi presencia. Quizás soy una carga. Había lugares en los que se me daría una cama, pero decidí aguantar la cara de molestia de mi tío y aprovechar cada día al máximo.
Como procedimientos básicos como ganarme su confianza funcionaron decidí utilizar alguno de ellos. Nos dedicamos a dibujar. Yo traté de dejarle hacer lo que quisiese. Dibujé una casa en familia, simple. Él dibujo una casa parecida a la mía, noté que dibujaba bastante bien. Sin embargo, noté que su familia era bastante reducida, la cara del niño de su dibujo estaba triste. No había rastros de su hermano mayor en el dibujo. El adulto de su dibujo no tenía expresión. Era una cara en blanco. Quizás su dibujo no representaba su familia. No sé como va a terminar todo esto, pero sentía como el trabajo daba frutos. Traté de hablar con el durante la tarde pero no soltaba palabra. A la noche su padre subió a hablar con él. Intuí que quería ayudar a que comience a hablarme.
Por cinco días no hubo progresos. Ni siquiera reacciones o anotaciones que merezcan aparecer en este diario.
Al noveno día ya empecé a armar mis maletas. Noté que mi tío estaba demasiado contento. Su cara era totalmente diferente a la de cuando yo había llegado. Procedí a saludar a mis parientes. Cuando pregunté por mi primo mayor mi tío me contestó que nunca estaba en casa. Reímos. Fue calificado por mi tío como un desaparecido. Dijo que desde que consiguió novia pasaba más tiempo fuera que en su propia casa. Saludé a mi tío, le agradecí toda su ayuda. Fui a saludar a mi primo pequeño, como esperaba solo recibió mi saludo, pero ni una palabra…
Desde el camino que estaba a unos metros de la casa saludaba a mi tío. Mi tío cerró la puerta. Me senté al lado del camino. Volví al pórtico de la casa rápidamente. Toqué el timbre. Mi tío me recibió con cara de sorpresa no grata. Le pedí que por favor me diera el dibujo de mi primo, quería un recuerdo de esos días, que aunque duros, los consideraba necesarios. No había ningún ómnibus que partiera hacia la ciudad, ya había molestado demasiado a mi tío. Escribí esta página que será la última en una cafetería cerca de la estación. Valió la pena esforzarme por mi primo. Solo quería dejar esto en claro. El resultado no fue el esperado, pero lo recordaré por años. Habría dejado el diario, pero no pude despegarme de él.
La situación cambió, me estoy ocultando. Mi primo está seguro al lado mío. Mi tío prófugo y ahora mismo se lo está buscando. Cuando desperté hace unas horas estaba sobre la barra del bar. Decidí pasar por la casa de mi tío para agradecer todo lo que había hecho por mí. Escuche demasiado griterío por parte de mi tío y preferí esperar para entrar. Me sorprendí demasiado al escuchar una voz chillona de niño. Gritaba como loco. Le reprochaba al adulto los días que le había hecho pasar. Forcé la puerta. Me llevé un gran asombró cuando encontré que el niño que gritaba era mi primo, el menor. Lo tomé por la cintura y escapamos. No entendía nada, ahora mismo mi primo me sigue explicando todo lo que ocurrió, mientras yo absortó escribo esto. Me contó que era abusado por su padre. Que si hablaba cuando venía un vecino luego era castigado severamente, sentía cada herida y cicatriz de su cuerpo en el mío. Hacía meses que no hablaba en frente de otra persona que no sea su padre. Según él, era la manera que tenía aquel monstruo para tenerlo callado por si algo salía mal. El miedo le impedía hablar en frente de otras personas. Su hermano casi nunca estaba en casa… Ahora entiendo todo. Hay cosas que siguen demasiado confusas. Estamos a unas calles de su casa. Sentados, esperando que alguien venga a recogernos. La policía nos prometió un auto. Hace frío. Ya es de noche. No hay luz. Callé a mi primo, contarme todo eso lo hacía sufrir. Me mordí el labio.
-Hijo de puta- pensé.
Lo único brillante en un momento así era un farol que se encontraba en la vereda. Silencio. Lágrimas. Luz. Llega un auto. Ahora estamos a salvo. Si no fuera por el farol, no habría podido ver la cara de felicidad de mi primo.