No puedo pensar en otra cosa. Dentro de unos minutos llegarán mis hermanos, quienes se fueron a lo de nuestra tía. Sé que me toca preparar la comida, pero no me interesa. Total estamos en vacaciones de verano, hace calor. Lo que comeremos no creo que necesite demasiada preparación, y con este calor mucho menos cocción. Eso es algo bueno. La casa vacía no me disgusta, vacía y oscura. Adoro la tranquilidad... y respecto a la luz... con recordar la tuya me alcanza. A menudo mi familia se queja de que piense en vos y hable tanto de vos. Pero sin vos todo sería... oscuro.
Recuerdo cuando te encontré por primera vez. Colegio nuevo, o no tanto, ya lo conocía. Empezaron la clases, pero recuerdo que no fue hasta un tiempo que llamaste mi atención. Pasaron poco más de dos años desde que te cruzo a diario, desde que iluminaste mis días. Perdí el hilo de lo que quería escribir. Sí, te escribo para decirte como me siento. Como hacés que me sienta. No es solo tu luz, cualquiera recibe tu luz. Es algo que... Las vacaciones no hacen tan bien como creía. Por el colegio te podía ver como mínimo cinco veces a la semana, cuatro si no te encontraba un día de clases. No es que esto me moleste, sigo viéndote. No me quejo. Camino un poco, o tomo el colectivo, el subte, un taxi si no me aguanto las ganas de verte. Y cuando te encuentro, las ganas de abrazarte... ... de besarte... que importa si me miran, no me da vergüenza. Felicidad. Me gusta caminar. Siempre te lo dije. Me encanta verte. Me encantás. Tal y como lo dice la palabra es una especie de encantamiento. No sé como lo haces. No necesitas que vea tu luz. Cuando estoy en mi casa también te siento. Y peor si está todo en silencio, vacío, aparentemente... sin luz. Me hacés cantar. Como un farol de verdad, de esos que se veían hace un tiempo en cualquier calle, los que portaban cálidas velas, no solo das luz, das seguridad, das calor. Farol hermoso como aquellos confeccionados en el oriente, los de papel con un vela en el centro. Farol que protege, farol cuya luz interior resiste el viento y las lluvias, farol que nunca se apaga, farol... farol... te extraño.
Cuando venía a casa no pude dejar de pensar en vos. Me gustaría que seas un farol de mano, de esos que se pueden llevar a donde un desea. Creo que por eso cuando llegué estaba tan ansioso por escribir, porque de tanto pensar en vos siento que no puedo dejar de hacerlo. Y cada minuto que pienso en vos siento que cuando quiera dejar de hacerlo necesitaré un minuto más. Porque con verte no me alcanza. Me gustaría recordar que hacía antes de venir, dónde será que estuve. Pero mi memoria es nublosa, momentos felices, momentos que extraño, que añoro, que necesito. Farol, el tiempo que ha pasado desde que te vi me ha desgastado, no físicamente, no hasta ese punto, pero... la dependencia. Oh Farol! Cómo destruye la dependencia.
Porque no me bastó con salir corriendo de las bocas del subterráneo, hacerme lugar para pasar entre la gente por aquella poblada calle comercial, ni tampoco espantar algunas palomas que cruzaron en frente de mi cara al correr por la plaza, porque no me bastó con escribirte, ni con expresar todo lo que te extraño, porque el tiempo que pasó desde que nos vimos me duele, y cada segundo más... La luz... La esperanza. Eso me da tu luz, esperanza. Porque cuando te veo estás ahí, de pie, resistiendo vientos, fríos, lloviznas, tormentas... Pero, en fin, como todo farol, fuente de luz, fuente de sombra. Iluminas mis días, pero haces ver que todo lo demás... todo lo que no es iluminado por tu luz, por tu carisma, se encuentra sumido en sombras... Embelleces aquello hermoso, entretienes mi mirada con tus dulces paisajes, pero empequeñeces aquello que ya aún antes de ser oscurecido por tu luz no era llamativo para mi ojos. Cuán llamativo eres para mis ojos. La luz y la sombra. Lo hermoso y lo raquítico. Así como nadie me obligó a amarte... nadie podrá lograr obligarme a olvidarte.
Tu voz alcanza para dejar en penumbras a las demás "faroles". Porque la dictadura de mi corazón no me permite controlar mis palabras, deja de lado la razón arrebatándola de voz y voto.
Y si me pierdo no habrá mejor brújula que tus ojos, que por más apartado del camino me encuentre, podrán guiarme sin desviarme ni el más mínimo centímetro de la senda correcta. Ya tu nombre me implora verte, ¿cómo puedo extrañarte tanto?. ¿Cómo puedo, acaso, extrañarte tanto, si te despedí hace tan solo menos de una hora, cuando nos separamos en la entrada del subterráneo? Aún tu luz me acompaña, pero está por desvanecerse, ya, de nuevo, necesito volver a verte, a tí, fuente de luz, fuente de vida.